A mediados de septiembre de 1955, el ambiente teatral despidió a Lorna de Sosa, la directora norteamericana que integró ADADEL y contribuyó a crear la puesta moderna. Hacía algunos años que no dirigía - de viaje por el mundo- pero ese mes estrena con el Patronato del Teatro, Filomena Marturano, de Eduardo de Filippo- traducida por María Alvarez Ríos. Será su último montaje en la isla. El Diario de la Marina le dedica un reportaje el día 18 y el 20, aparece una elogiosa crítica de Francisco Ichaso en la que manifiesta que "... ha trabajado con mucha conciencia, con mucho rigor, con mucho esmero y el resultado ha sido un espectáculo que el público contempla de sorpresa en sorpresa y con un saldo muy favorable de agradabilidad. La selección del reparto fue un acierto". En el elenco figuraba Velia Martínez, Ernesto de Gali, Juan Bradman, Luis Oquendo, Miguel Navarro, Luis Monterrey y Gabriel Casanova. Escenografía de Osvaldo Gutiérrez.Pero la despedida más entrañable la escribe Adolfo de Luis en "Presencia y ausencia de Lorna de Sosa". Es un breve esbozo biográfico, en el que describe su paso por las agrupaciones cubanas, entre ellas el Patronato y Theatralia, recuerda sus montajes de Deseo bajo los olmos, de O Neill y Fiebre de primavera, de Coward y dice que prepara un libro de ambiente cubano, que ha sido muy elogiado. Se refiere a su traducción de Barrabás, de Rafael Suárez Solís. La llama " un espíritu alerta a toda manifestación artística."
Su contacto con pintores, escritores y músicos, es prueba fehaciente de esa inquietud. Resulta paradójico que nos deje, ella que como pionera del movimiento teatral cubano, está llamada a recoger ahora los frutos que con tanto desinterés y amor sembró. Su ausencia será lamentada por los amantes serios del teatro, que comprendemos lo mucho que puede seguir aportando a la escena habanera. Sólo anhelamos, egoístas, que no tarde en regresar.Algún día volveré sobre el tema de la "agradabilidad" en las críticas de Ichaso.



